jueves, 12 de septiembre de 2013

LA MALA EDUCACION


 
 
Cuanto más me lo planteo, más me convenzo de que el principal problema que tiene la sociedad española es la falta de educación de los ciudadanos. Y no me estoy refiriendo  a la formación o  los conocimientos ( eso lo dejo para otra mejor ocasión) , ni entraré en polémicas sobre la calidad de las universidades ni el sistema educativo en general. Por educación me refiero a cortesía.

Existe tal falta de educación en nuestra sociedad que ese concepto, en sí mismo, se ha convertido en algo tabú. Los buenos modales, las buenas maneras, la urbanidad, la cortesía, han pasado a ser sinónimo de lo antiguo, de oscurantismo, de represión, cuando no de cursilería. Como si el actuar de forma que se cause el mínimo trastorno innecesario a los demás fuera algo malo.

A eso hay que añadir el gusto por el exceso que tenemos los españoles. En cualquier asunto que nos ocupe tendemos a pasarnos tres pueblos o a quedarnos cortos, sin que el concepto budista  del “de nada demasiado” parezca que haya calado demasiado por estos lares.

En el aspecto jurídico, lo que es mi ámbito laboral,  la la mala educación se une la confusión acerca del contenido y significado de los derechos. Establece nuestro Código Civil, auténtica base del Ordenamiento Jurídico, que los derechos deberán ejercitarse conforme a las exigencias de la buena fe, concepto extremadamente confuso en estos días que nos ha tocado vivir y que habitualmente se identifica con  el tradicional método del ancho del embudo.

Pongamos un ejemplo: Todos hemos sufrido al clásico familiar, vecino o conocido que sin ser preguntado al respecto, te regala su opinión sobre lo mal que estás criando a tus hijos, lo fea que es tu casa, el coche tan cutre que tienes o el modo correcto de hacer tu trabajo. Cuando le haces ver, de forma cortés por supuesto, la escasa estima que te merece su opinión y lo inapropiado de meterse en la vida de los demás, muy ofendido te espetará aquello de que estamos en un país libre y que sólo ejerce su derecho a la libertad de expresión.

Mejor dejarlo ahí, porque jamás comprenderá que la libertad de expresión es un derecho que tiene frente al Estado, no frente a ti. Que si lo desea, puede escribir un libro sobre el tema, fundar un blog o enviar cartas al director de todos los periódicos, sin que el gobierno pueda censurarlo, pero que no puede obligarte a ti a aguantar sus tonterías. Que una opinión no solicitada sobre un asunto personal, meterse en la vida de los demás, está feo. Y no lo entenderá porque adolece de una lamentable falta de educación.
Dejaré, también para mejor ocasión lo que opino sobre las personas que sistemáticamente llegan tarde a sus citas, con una manifiesta falta de educación y de respeto hacia la persona que la  espera, porque al final la mala educación no es ni más ni menos que eso, una muestra de la falta de respeto que tenemos hacia nuestros prójimos.

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